jueves, 12 de mayo de 2011

Comenzamos.

Sí, sé lo que es caer, tropezar, pasarlo mal. Sé lo que es que la vida te de palos, tantos que al final ya no sabes dónde meterlos, porque si te paras a pensarlo fríamente en tu interior ya no caben más penas. Pero también sé qué es ser fuerte, valiente, que después de malos instantes, llegan los buenos, que después de lágrimas derramadas, llegan sonrisas verdaderas, y que es por esto por lo que merece la pena seguir siempre adelante. Si es cuestión de confesar, siempre he pensado que tengo más defectos que virtudes. Soy abierta, alegre, pocas veces me encontrarás sin una sonrisa en la cara, ocasiones en las que es mejor alejarse o simplemente, mimarme, ya que también soy cariñosa. No suelo llorar muy a menudo y odio hacerlo en público, pero cuando me derrumbo es difícil hacer que me calme. Me como la cabeza muy fácilmente por cualquier tontería, y, aunque es complicado enfadarme, cuando lo hago puedo llegar a tener muy mal genio. Me considero sociable: adoro conocer gente e ir sumando amigos. Sin embargo soy desconfiada al principio, quizás porque me han decepcionado demasiado. No dejo que me pisen ni me pasen por encima, me quiero demasiado para ello. No soporto las “borderías”, a la gente pedante, que solo mira por su ombligo, que se pasa el día hablando de sí misma y alardeando de sus triunfos, que solo sabe soltar tonterías, que solo está ahí cuando hay interés por algo; el egoísmo y el egocentrismo. Hay quien dice que transmito calma, seguramente porque soy muy tranquila, aunque también me encanta salir de fiesta y bailar toda la noche, quedar una tarde para reírme a carcajadas con mis amigos, dar una vuelta o ver una peli apalancados en un sofá, en definitiva, disfrutar con los ínfimos detalles e instantes, aquellos que me hacen feliz. Como todos, siento la necesidad de sentirme querida, pero también la de querer verdaderamente. Precisamente por esto suelo darlo todo, aunque a decir verdad, y suene egoísta, también me gustaría recibir algo a cambio. En la amistad procuro ser lo mejor posible; amiga de mis amigos, detallista, agradecida, alguien en quien se puede confiar, con quien se puede contar para lo bueno y lo malo; intento aconsejar lo mejor que puedo, sacar una sonrisa en los peores momentos, dar cariño cuando más se necesita. Muchas veces me contradigo a mi misma: odio el desorden pero soy desordenada, me encanta estar en casa pero necesito salir siempre, quiero aprender pero me cuesta estudiar, me desespera esperar, pero tengo paciencia, me gusta estar sola pero aborrezco la soledad. Soy sensible, perezosa, vaga, comprensiva, coqueta, presumida, sincera, alocada y prudente según la situación, independiente, sensata, generosa, modesta y flipada en broma, muy terca, despistada y extremadamente soñadora, nunca suelo tener los pies en la tierra. No me cuesta expresar mis sentimientos. No puedo vivir sin música. Tengo poca autoestima, no soy segura de mí misma, aunque intento pisar fuerte. Soy ambiciosa; tengo planeado mi futuro, quiero sacarme una carrera (Traducción e Interpretación) y poder a llegar a ser algo en esta vida. Mantener una conversación conmigo puede ser tarea ardua: soy callada cuando no hay mucha confianza, cuando siento que las palabras no hacen falta porque ya está todo dicho, o cuando no tengo nada que decir porque no se me ocurre un tema; otros días no me puedo callar y necesito soltarlo todo, hasta la falacia más grande que se me pase por la cabeza. Lo que más quiero en este mundo es a mi madre (aunque ya no estés aquí conmigo sé que me sigues cuidando desde ahí arriba), a mi padre, a mi familia en general, a mi perrita, a mis amigos. En cuanto al amor… complicada sería la palabra perfecta para definirme: me cuesta mucho llegar a querer a una persona, y cuando lo hago, me es difícil olvidarla. Soy romántica pero sin llegar a ser demasiado empalagosa, entregada, puede que pasional. Doy segundas oportunidades, pero no paso de las terceras: no es fácil confiar en alguien después de que te hayan roto el corazón. Es entonces cuando me obligo a proponerme unos “requisitos” que impedirán que mis sentimientos vuelen a los cuatro vientos sin dirección ni sentido: para volver a confiar, tendrá mucho que demostrarme. Pienso que esa persona tiene que hacerme sentir única, tiene que hacer que el mundo desaparezca cuando estamos juntos… tiene que hacerme sentir especial cada día, cada hora, cada minuto. Me encantan las sorpresas, recibir un mensaje inesperado, la fotografía, cantar, bailar has que me duelan los pies, reír y llorar al mismo tiempo, las comedias, los monólogos de Luis Piedrahita, los atardeceres cuando el cielo está de mil colores, dormir tapada hasta arriba los días de lluvia, leer la primera y última frase de un libro, el olor de los días soleados de invierno, de la ropa limpia, de las tostadas y el café por las mañanas, de los libros nuevos, la ciudad de Roma, los idiomas, especialmente el italiano, viajar, escribir, volver a ser pequeña de vez en cuando, el chocolate, el zumo de naranja, ir de compras aunque no compre nada, soñar despierta, tirarme en cama con los ojos cerrados y escuchar música, el sonido de las gotas al chocar con el cristal, de las teclas al escribir, los besos en el cuello, los italianos, ver sonreír a la gente que quiero, hacer reír, los pequeños detalles… Odio, y de hecho, me desespera tener que madrugar y despertarme demasiado tarde, el agobio por los exámenes, las despedidas, los hospitales, las malas noticias, las lágrimas de dolor, las drogas, el tabaco, los olores demasiado fuertes, los sonidos chirriantes, quedarme con las ganas de algo, que no me escuchen ni me dejen hablar, que me interrumpan, olvidarme de las cosas, la gente falsa, las miradas de superioridad, la oscuridad, tener demasiado que decir y que no me salgan las palabras, que me digan lo que tengo que hacer cuando ya lo sé, cometer errores y no poder rectificar, mojarme los días de lluvia…

¿Por qué escribí todo esto? La verdad, no estoy muy segura. Puede que para que la gente me conozca un poquito mejor; o más bien, para que yo me conozca un poco mejor a mí misma, para poner en orden mis ideas. Todo lo que me queda por decir ahora es: hola, soy Lucía, encantada.

3 comentarios:

  1. Y por todo eso eres tan importante para nosotras, por eso te apreciamos tanto.
    No cambies nunca Lucie.
    Te quiero.
    Y te sigo jajaja (LLL)

    ResponderEliminar
  2. Pues querida, te entiendo perfectamente. Además, así se te conoce algo más que viene bien =)
    Te sigo, que me gusta como escribes :$

    ResponderEliminar
  3. Así eres y por ello te queremos! :)
    Me encanta cómo te expresas, lo sabes... Tienes una facilidad enorme para ello ;)
    (LL)

    ResponderEliminar